lunes, 28 de noviembre de 2011

ANTONIO REYES

En el invierno místico de la altura, entre los castañales y las serenadas nieblas que coronan los jarales vine a la tierra en Corticata (hoy Cortegana),provincia de Huelva, Andalucía, en el año de gracia de 23 de Enero de 1962 (signo acuario).

Como no soy grande no puedo ser humilde, eso lo dejo para aquellos que rebuscan en las conciencias para ser admirados. Estoy solo. No es que viva solo, no es que no tenga familia, no es que no me quieran...



Canto, ¿qué canto? Canto canciones del amanecer. Sin duda amo cantando.

Cuando en la tiniebla de la luz creciente cubre las montañas de la sierra, ese es el momento de mi canto. Yo quiero orar cantando y dedicarme por entero a la oración.

No busco nada; no es que no haya encontrado nada pero lo que se me ofrece por los caminos del mundo no logran llenar el alforja de mi alma.

No canto por altruismo alguno, no necesito ser conocido, estimado, esperado, ni me gusta el incendio de la multitud; solo quiero orar cantando y cantando orar al viento.

Hay gente en este mundo que cree que esto es poesía, y como tal, vaga ensoñación viajera de la nada. Otros dirán que con qué ferocidad busco la originalidad; otros dirán que este escrito es impersonal que ni describe nada ni dice nada, pero este mundo no es más que el habitar la tierra sin oración alguna.


Yo quiero que los que me escuchen, me escuchen cantando y no pensando ni sintiendo, ni oyendo, sino cantando.

Canto para que me oigan, para que me oigan los dioses y los hombres, los pájaros y el viento, canto para oir en mi canto, para que por mí vengan a la oración del alba los amigos de la delicadeza.


No soy pequeño, ni soy grande, ando perdido por los laberintos del mundo, pertenezco a una religión invisible que espera no alcanzar nunca lo que espera.


Dedico esta pequeña palabra a las Formidables Instituciones del mundo con idea de hacerme rico, amado, poderoso... como los chopos de la ribera al atardecer de Otoño.


Un Cariñoso Abrazo. Antonio Reyes.